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Artículos académicos en torno a la historia del teatro. Reflexión y análisis en torno al fenómeno teatral
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Reflexiones sobre Teatro, sociedad y psicología

León Cohen Actor; Psiquiatra Psicoanalista APCh-IPA

Se dice de esta república que vive en la capital, que vive encerrada y asfixiada, reptando en forma confusa y desesperada como una mancha de aceite por los márgenes del valle. No sólo se habla de su aislamiento sino que de su lejanía y que vive colgando de la tierra más distante del globo, a punto de caer sobre los hielos eternos, un poco menos fría que ellos. Se cuenta que en ella la gente estaría siempre soñando con ser otro, alguien más cerca del corazón del planeta, alguien quizás más bello, más elegante, más formal, más inteligente, más blanco o rubio, quizás de ojos azules o tal vez verdes. A raíz de esto se canta que esta gente sería extremadamente acogedora con el extranjero, es decir, con aquellos otros, los blancos hermosos y coloreados que vienen de más arriba. Al parecer entre ellos se rumorea que serían hijos de seres oscuros y de rasgos toscos, más bien pequeños y hoscos, sujetos agresivos y a los que otra gente, extranjeros, han recitado loas a su valentía.
Aunque es un hecho reconocido en libros y monumentos pareciera que los ciudadanos de esta república declararían siempre que siendo aquella genealogía verdad, en realidad sería algo que le pasa a los otros, como a un vecino, a una sirvienta, a un empleado, tal vez a un sujeto que va por la calle o quizás a algún personaje de historieta. No es raro que estas afirmaciones dejen perplejo a quien, como yo, visita la región y los escucha. Uno se pregunta, entonces, de donde descienden en verdad estos ciudadanos. Si se les pregunta, al unísono, todos levantan el índice en dirección al cielo y al norte, allá lejos, donde reside la historia. Esto me ha parecido increíble : son todos extranjeros. Entonces y justamente por ello surge en los visitantes esta tremenda inquietud : qué pasa con la memoria de estos seres, es decir, con la materia que anida en el centro de sus cuerpos y de sus mentes, y que es el lugar donde transitan, en silencio, los recuerdos y las tradiciones. En definitiva uno se pregunta por la identidad de estos ciudadanos y se sorprende de no encontrarla explicitada en las palabras ni en los sueños de estos habitantes. Debido a ello es que los visitantes se deciden a mirar los espacios, las arquitecturas, la geometría donde a menudo se pueden apreciar las señales de los orígenes. Pero luego de un tiempo confiesan su impotencia. Ven reflejos de tantas geografías que se quedan confundidos y atravesados como esa estatua que me detuve a investigar en la plaza de armas de la capital.
Dicen los psicólogos que una de las cosas insoportables para la mente es la confusión. Y ciertamente que una de las situaciones más lamentables y costosas para la persona es llevar la confusión dominando el núcleo de la identidad. La confusión es reflejo patente de la ausencia de comprensión y aún más, reflejo y consecuencia de la angustia que surge de la incapacidad de asumir los aspectos contradictorios o escindidos que viven en la mente. Esto es patente cuando se plantea un conflicto, es decir, cuando se pone sobre la mesa la discrepancia o la inconsistencia y se confronta y se cuestiona una idea mostrando su falta. Eso de plantear y colocar en el momento presente una idea que aparece discordando y mostrando la falta de la idea que se estaba proclamando antes es de las situaciones que se comenta logran sacar de quicio a los habitantes del valle. Esto significa que estos habitantes en vez de lograr ver y asumir el conflicto y reconocer la escisión o disociación que existía, y así entonces lograr pensar y comprender la situación en un nivel de mayor integración, en vez de esto estos ciudadanos se molestan, sí, se molestan. Por lo que he visto sospecho que se molestan porque se confunden y la confusión los angustia y eso los molesta. Entonces acusan al otro de estar molestándolos con ese acto confrontador que, pienso, no es ni más ni menos, que un acto de rescate dentro de una memoria colectiva que permanecía negada u oculta.
En este sentido se comenta también que les irrita la crítica, la que es sinónimo para ellos de algo negativo y que tendrían la antigua tendencia de atacar al mensajero de las noticias discordantes y que por ello habitualmente estarían echándole la culpa a los medios de comunicación de ser los constructores de una realidad negativa. Esto es tan antiguo en estas tierras que los medios habrían asimilado esta amenaza y se han especializado en comunicar sin decir la opinión propia directamente y en tirar la piedra escondiendo la mano a la velocidad de la luz. Esto es muy interesante pues al ser un pueblo que le confunde y molesta la verdad tienden a construir historias que rellenen una memoria que padece de negación y de vacíos. Pero he aquí que los hechos de la mente son inescapables y dan señales por un lado u otro : muchas de sus historias son justamente mitos sobre pérdidas, muertes, suicidios, derrotas las que convierten, tras un compasivo baño épico, en emocionantes hazañas. Estos cuentos hablan sobre soldados, deportistas, poetas, políticos, gente común. Es tierno escucharlos hablar. En este sentido son bastante peculiares. En primer instante, si uno llega al territorio que ocupan estos habitantes se los ve serios, callados, formales, distantes, incluso algo hoscos y desconfiados. Si uno no los mira y de repente vuelve a mirarlos los puede sorprender en una impertinente observación sobre uno. Al verse sorprendidos alejan su mirada con rapidez. Si uno está en un grupo con ellos o en una reunión, sea cual sea su condición cultural, son cautos y tímidos, más bien evitativos para empezar a hablar. Pasado algún rato y luego de un alivio se entusiasman y muestran interés, incluso pueden tornarse interesados hasta la devoción lo que llama la atención pues parecieran ser, en el fondo, muy influenciables. En este estado pueden tornarse muy acogedores e incluso algo abrumadores.
Al hablar de sus mitos épicos se tornan entusiastas hasta el candor y a veces parecieran darles a unas cuantas historias el carácter de moralejas universales para el resto del planeta mostrándo una grandiosidad algo patética. Algo así escuché una vez respecto a una reina de belleza y al salto de un caballo y parece que en torno a unos futbolistas. Pero lo que llama poderosamente la atención es la facilidad con que cambian de opinión de acuerdo a la conversación, pasando así de un entusiasmo ingenuo a una especie de pesimismo melancólico sin una secuencia clara, razonable o reflexiva. Me queda la impresión de que no es que no tengan un pensamiento propio sino que lo ocultan, como si temieran dar a conocer sus opiniones y entrar en conflicto. Esta complacencia a veces los hace algo repugnantes y poco confiables.
En este sentido en verdad parecen muy cautos, tanto que tienden a abordar los proyectos o los desafíos con un cierto humor escéptico o pesimista, como se dice poniéndose el parche antes de la herida. Llega a tanto que a veces los he escuchado hablar de sus éxitos con un perfil tan bajo que parecieran estar incómodos o sentirse muy inseguros en el rol del triunfador, incluso temerosos. Manejan en esto una muletilla algo ridícula : la de la humildad. Y aquí he escuchado un tema interesante : la conveniencia del pesimismo o del humor depresivo. Parecieran defenderse con esa actitud de la mirada codiciosa o envidiosa del vecino. De hecho viven rodeados de rejas y sistemas de seguridad y su temor constante es a ser pasados a llevar y robados. Es tanto que a veces parecieran nostálgicos de la pobreza y de la simpleza. Sin embargo si los vieran trabajar podrían intuir la magnitud de la ambición y la voracidad que los corroen por dentro, además de la arrogancia que acecha. Esto campea en las oficinas públicas. He escuchado que allí se dejan ver esos hechos y que la prepotencia se pasea por los pasillos de los trabajos.
En mi última visita los he visto especialmente aburridores con esa historia del pesimismo y es claro, en los tiempos que corren hay varias justificaciones para rumiar con entusiasmo esas antiguas ideas. Lo más divertido es que han activado campañas contra ellas, aunque, para ser consistentes, es posible que no estén tan seguros de su éxito.

DE LAS INDAGACIONES

En un lugar se han juntado acusados y testigos. Hacia ese lugar miran miles de ojos así que es un escenario. Los acusados son muy amables y con un gran sentido del humor. Esto no es de extrañar pues han revelado que en realidad fueron actores. Estos, ya jubilados, han dejado atrás su pasión por el drama por lo que el lugar donde se encuentran, según ellos, no sería un escenario. Los testigos son gente de buena memoria, espectadores de un afán antiguo de los acusados. Describen sus movimientos, recuerdan sus textos y dan su apreciación : los acusados sobreactuaron y se identificaron con sus personajes. Concluyen entonces : nunca hubo teatro sino que solo personalidades. Son culpables.
Los acusados se defienden : siempre hubo teatro, representación de principio a fin, actuación de un rol, exhibición del texto repetido una y otra vez, en fin, mero cumplimiento de órdenes del dramaturgo y del director. Entonces los acusados acusan : los testigos sobreactúan, melodramatizan, improvisan, afectados de resentimiento y de falta de agradecimiento. Y así una y otra vez, función tras función, juicio tras juicio.
Entre tanto los miles de ojos que miran se contraen producto del retorcimiento de tripas y de la secreción de las glándulas. El cuerpo que los sostiene se hunde sobre la bolsa gástrica mientras el ácido hace recordar la naúsea. Dolores incipientes en los miembros señalan el lugar de las mutilaciones mientras que los dientes apretados contienen el odio que se dispondría a la matanza vengativa. Detrás de los ojos las neuronas se detienen o chocan entre sí reflejando el vacío y la perplejidad que aparecen cuando no es posible comprender nada.
Por esto para los que observen lo peor será la desesperanza, la futilidad del ciclo eterno de las indagaciones y el cansancio enorme, infinito del tedio que caerá sobre ellos, los espectadores, y que tratará de ocultar el profundo dolor y amargura que habrán padecido sus células.

ALVARO PACULL: REFLEXIONES SOBRE LA TRAGEDIA

LA TRAGEDIA INCOMODA A LA GENTE

Entrevista publicada en el diario El Sur © 2003 Todos los derechos reservados para Diario El Sur S.A. Por Gustavo Sáez.
El actor y docente participó ayer en el ciclo sobre dicho género teatral en la Escuela de Teatro de la U. del Desarrollo. De paso, reflexionó sobre porqué el público no quiere ver la realidad.
Alvaro Pacull, actor de teatro y televisión, docente en varias escuelas de teatro, estuvo ayer en la ciudad hablando sobre el impacto de la tragedia frente a las audiencias contemporáneas. Fue invitado por la Escuela de Teatro de la Universidad del Desarrolllo, en el marco del ciclo de clases y coloquios sobre La Tragedia que iniciaran Jaime Silva y Cristián Keim.
-¿Cómo reacciona el chileno frente a este género? -La invitación a hablar sobre la tragedia, me pareció entraño en un principio. Por los tiempos que corren y porque la tragedia es un tipo de teatro que no le acomoda a las audiencias mayoritarias y eso es siempre sospechoso. -¿Por qué? -Cuando no le acomodan las formas teatrales a la gente, de alguna manera está queriendo decir algo sobre la vigencia del género teatral. También sobre la capacidad del público de poder enfrentarse a esto. Me pareció interesante el tema y lo ví más en profundidad. -Con algunas conclusiones, por supuesto. -No son absolutas, sin embargo, pero creo que hay un tema con la modernidad nuestra; el chileno no quiere ver o no resiste ver lo que le está ocurriendo dentro del cuerpo social. Y en eso, la tragedia tiene como función contemplar y de alguna manera hacer conciencia de que cuando uno comete errores, debe recibir castigos. Es un tema que me parece importante, sobre todo en los tiempos que nos toca vivir en un país con escándalos financieros, corrupción, indemnizaciones millonarias, de carácter casi fraudulentas. -Con sus respectivos castigos, sin duda. -¿Hay castigo para esto?. Es la pregunta. En la tragedia yo diría que sí. Pero la sociedad moderna muchas veces nos obliga hacer consensos o vista gorda; el modelo social ofrece, cuando uno hace la vista gorda, una supuesta felicidad, una supuesta riqueza tanto material como espiritual, lo que es una falacia, pero en esa estamos. Tiene que ver con el grado de madurez del individuo y la sociedad. -¿Cuál es la situación de nuestro país en esto? -Estamos en un proceso de transición. Necesitamos reírnos un poco histéricamente y cuando nos dicen ¡detente, piensa, reflexiona ya que esas acciones pueden provocar daño a los demás y a tí mismo!, nos parece incómodo reflexionar en torno a eso. Por eso encuentran aburrida la tragedia, dicen que produce cansancio con tanto sufrimiento. Porque no se tiene la capacidad de ver el acto de purifificación que se produce cuando uno ve el sufrimiento de otro individuo. Esos son de alguna manera los temas que me han interesado.
Actor y teórico Alvaro Pacull siempre tuvo proximidad afectiva con el teatro. Su madre fue actriz aficionada y su padre, el periodista Juan Emilio Pacull, fue el presidente del Círculo de Periodistas que entregó la sala "Camilo Henríquez" de esta entidad gremial, al Teatro de Ensayo de la Universidad Católica. Confiesa sin embargo que nunca se atrevió a actuar en el colegio, aunque era asiduo espectador. Fue al enfrentar la universidad, cuando elegió el teatro como carrera, "primero para probar un año", pero allí se quedó definitvamente. Estudió en la Pontificia UC y luego hizo estudios de doctorado en Filología Hispánica con mención en teoría, historia y práctica del teatro en la Universidad de Alcalá, España. Fue fundador del Teatro Aparte, donde creó la pieza "¿Quién me escondió loz zapatos negros"?. Actuó en "Tristán e Isolda", "La muerte de un vendedor viajero" y "Extramuros". En la telenovela "Villa Nápoli". Enseña actuación en la escuela de teatro de la UDD-Santiago.

 
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